Mi hijo ha tenido generalmente un buen patrón de sueño. De hecho con su mamá nos jactabamos de haber logrado que durmiera en su cuarto sólo desde los cinco meses. Una que otra levantadita a media madrugada, pero nada que una pacha (pepe en chapín) no pueda arreglar.
Sin embargo, debido a una reciente enfermedad del estomago hace unos siete días que llevaba durmiendo en nuestra cama y no en su cuna. Ya está bien, pero se acostumbró a que lo chinearamos para dormir y que lo acostaramos en nuestra cama.
Anoche logré que durmiera en su cuna sin necesidad de chinearlo pero hoy costó más. El quería ser cargado y a su corta edad ya sabe cuan fastidiosos pueden ser para los adultos los lamentos de un bebé. Funciona de maravilla. Unos cuántos gritos, dos que tres lágrimas y listo, obtienes lo que quieras.
Hoy procure que no fuera el caso. Me tocó ser el policía malo. Hice mi mejor esfuerzo por mantener su atención pero los lloriqueos siguieron. Lo cargué un breve momento mientras le expliqué por que lo hacia. Y luego nuevamente a la cuna. Lloró un ratito pero luego encontró forma de dormirse.
Tuesday, February 2, 2010
Subscribe to:
Comments (Atom)